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Offshorización para evitar el abismo de la banca privada

by Manuel A. Abdala

May 23, 2002

Manuel A. Abdala, Director, LECG

El futuro de la banca privada está en penumbras. Más allá de su situación de insolvencia, del corralito, la devaluación y la pesificación asimétrica, lo más preocupante es el alcance de sus negocios en el futuro (para los que sobrevivan). La banca privada depende totalmente de la política sectorial y macroeconómica que se tome en las próximas semanas, por lo que refrescar el diagnóstico general resulta adecuado. Kurt Schuler, economista senior del Comité Conjunto Económico del Congreso de Estados Unidos, publicó un trabajo titulado Fixing Argentina que vale la pena comentar (ver en www.cato.org). Su conclusión primaria no es necesariamente novedosa: observa que como consecuencia de políticas erradas, hoy no hay incentivos para producir, ahorrar o invertir en el país dado que la propiedad privada sigue en riesgo de ser sujeta a más controles o confiscaciones.

Schuler diagnostica que tanto gobernantes como asesores externos no han comprendido las reglas esenciales de cómo debe ser creada y preservada la riqueza económica en la Argentina. Como errores gigantes de sus gobernantes: el endeudamiento de Menem para financiar déficit fiscales; los aumentos de impuestos de De La Rúa; la convertibilidad ampliada y el corralito de Cavallo, y la devaluación y posterior pesificación de los contratos de la administración Duhalde. Sobre algunos economistas extranjeros con influencia en los organismos internacionales, Schuler sugiere que sus consejos constituyen casos de mala práctica profesional. En especial para quienes aconsejaron pesificar contratos, ignorando el efecto sobre los derechos de propiedad de ahorristas y acreedores.

Pero más allá de las discusiones revisionistas, interesa el futuro. La crisis de confianza afecta a los bancos en forma especial, ya que fueron los vehículos de las confiscaciones y por lo tanto la aversión del público es natural y comprensible, aun cuando no sean los responsables directos. El Gobierno está concentrando sus esfuerzos en cómo levantar el corralito, no en cómo reconstruir el sistema financiero. El remedio oficial central es el canje de depósitos congelados por bonos, en distintas variantes. Para los bancos, esto mejora la cuestión de liquidez pero no ataca la cuestión central, ya que no soluciona el problema de la confianza perdida, y menos aun si los medios de pagos continúan denominados en una moneda inflacionaria. Sus perspectivas son lúgubres en ese entorno y el volumen de negocios se reduce a una décima parte de lo que tenían anteriormente. Schuler y Steve Hanke recomiendan para restaurar la confiabilidad la dolarización, reemplazar el encaje parcial por money-market mutual fund banking para establecer reservas bancarias del ciento por ciento, legalizar la offshorización y otorgar permiso a los bancos para emitir notas denominadas en dólares.

En un contexto de extrema inflación, la dolarización será inevitable. Permitir y fomentar la offshorización de depósitos es a su vez una medida adecuada que llevaría a los bancos a desarrollar formas originales para canalizar préstamos en la Argentina con base de depósitos en el extranjero en un tiempo prudencial.

Ni bien conocido el corralito de Cavallo, señalé justamente que las transacciones en la Argentina podrían ser digitales, pero con dinero real offshore. La emisión de 'dinero bancario' dolarizado, sin embargo, tiene a mi juicio serias restricciones institucionales. En primer lugar, es difícil pensar que se desarrolle un organismo regulador (BCRA u otro) capaz de monitorear esta función, previniendo fraudes potenciales. Por otra parte, bajo este esquema los grandes bancos oficiales (Nación, Provincia de Buenos Aires) recurrirían a los gobernantes para forzar colocar su dinero propio de manera compulsiva, aun cuando no haya aceptabilidad natural, profundizando así prácticas clientelistas. Este escenario se asemejaría demasiado al de las cuasimonedas provinciales ya que la tentación de gobiernos de usar la banca oficial para este propósito sería inmensa. En el pasado ha sido muy dificultoso encauzar la banca oficial en objetivos puramente comerciales, sea bajo la privatización u otros incentivos. Este problema está ahora agravado por la reestatización de facto de bancos privados, como la de esta semana con Credit Agricole, que aunque haya sido anunciado como salida temporaria sin intencionalidad, deja traslucir el pecado de omisión. La legalización de la offshorización es un paso indispensable para evitar el abismo de la banca privada. De lo contrario, presenciaremos quizás algunas quiebras pero fundamentalmente más estatizaciones donde el costo se socializa a todos los contribuyentes.

This article originally appeared in El Cronista on May 23, 2002.

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